Se debe partir de la evaluación de los diferentes aspectos del alumno/a con una evaluación inicial o de partida del  proceso, con objeto de ir construyendo el  aprendizaje deseado. Se deben realizar las evaluaciones precisas para ir adaptando los programas y procedimientos a los objetivos alcanzados, o por el contrario, para diseñar los procedimientos que faciliten el logro de los objetivos no alcanzados.
  Al alumno/a se le evaluará en los tres campos: Conceptual, Procedimental y Actitudinal.
            El  Conceptual  o  cognitivo  debe  abarcar  todos  aquellos  conocimientos  de  los  objetivos  y bloques  de  contenidos  de  los  que  forma  parte  el  currículo,  ya  sea  en  el  plano  teórico  de  las estrategias  y  técnicas  de  entrenamiento  de  las  capacidades  físicas,  como  de  las  diferentes habilidades  físicas,  de  los  fundamentos  del  cuerpo  en  movimiento  y  de  los  criterios  higiénicos  a guardar.
            En  el    Procedimental,  el  alumno/a  debe  ser  evaluado/a    del  progreso  alcanzado  y  de  la evolución observada en sus condiciones biológicas y de habilidades motrices, básicas, específicas y cualidades  físicas,  además  de  las  adaptaciones  realizadas  en  sus  hábitos  higiénico-deportivos  con criterios de salud.
            En  el  Actitudinal,  se  debe    realizar  una  valoración  de  su  aptitud  ante  la  aceptación  de valores, de la asignatura, ante sus compañeros, sobre las reglas del juego, sobre las reglas o normas sociales y sobre el carácter del alumno.
  Cada una de las partes tendrá un peso específico que se encuentra detallado en los criterios de  calificación,     estableciendo  unos  porcentajes  para  cada  una  de  ellas,  pero  al  mismo  tiempo representan un todo evaluable en sí mismo.