El actual sistema
educativo y el modelo psicopedagógico en que se apoya nos proponen una visión
abierta y completa del concepto de diversidad
escolar, introducido a comienzos de los años 90 por la LOGSE, y
respetado, por supuesto, por la actual ley educativa, la LOE.
En atención a
este concepto, se parte de la base de que todos somos diferentes, que la
diversidad es un valor humano, una riqueza, que se manifiesta en las sociedades
abiertas, plurales y democráticas.
En
esta línea, las adaptaciones
curriculares, ya sean de carácter ordinario o extraordinario,
constituyen una estrategia para ajustar
el proceso educativo a las diversas capacidades, intereses, motivaciones
y necesidades de los alumnos durante el seguimiento de la programación
prevista.
En
este sentido, es muy importante tener en cuenta, siguiendo la terminología
LOE, a aquellos alumnos con Necesidades
Específicas de Apoyo Educativo, como alumnos que requieren, tal
como refleja su propia denominación, de unas adaptaciones de carácter
específico, y dentro de los cuales están integrados:
a) Los alumnos con altas
capacidades intelectuales, si bien en nuestra área deberíamos hablar más
bien de alumnos superdotados a nivel motriz.
Respecto a estos alumnos, simplemente
solemos aconsejarles que exploten sus cualidades especialmente en horario
extraescolar, sin embargo, esto no quita para que en el día a día en el aula,
“se dejen ir” respecto a los contenidos referidos a los conceptos y al
desarrollo de ciertas actitudes. Es más, les premiamos incluso si aprovechan
sus cualidades a favor de ayudar y cooperar con aquellos menos “capaces”.
b) Los alumnos de incorporación
tardía al sistema educativo.
Respecto a este tipo de alumnos,
podemos distinguir dos tipos: aquellos que dominan el castellano, como por
ejemplo, los alumnos que proceden de Sudamérica, y los alumnos con escaso o
nulo conocimiento de la lengua, como por ejemplo, los alumnos que proceden del
continente africano o europeo.
Tanto en un caso como en el otro,
debemos especialmente favorecer la integración y la tolerancia, y si a esto le
unimos las virtudes del deporte como un excelente medio con que fomentar las
relaciones personales, con el carácter de nuestros planteamientos didácticos
(por ejemplo, mediante actividades como las nombradas anteriormente), estaremos
cumpliendo con dicho fin.
Respecto a los alumnos con escaso o
nulo conocimiento del idioma, gracias al carácter gestual de la actividad
física como herramienta básica de nuestra especialidad, la adaptación a
realizar se fundamenta básicamente en una adecuada transmisión
de la información, enfatizando más la información visual y gestual.
c) Los alumnos con necesidades
educativas especiales derivadas de una discapacidad o trastorno grave de
conducta.
Respecto a estos alumnos, básicamente
debemos tratar de favorecer su integración y desarrollo en el aula, eliminando,
en su caso, las barreras arquitectónicas y materiales posibles, y adaptando los
elementos curriculares a las características del alumno en concreto (por
ejemplo, mediante la inclusión, modificación y eliminación de ciertos objetivos
y contenidos).
d)
Los alumnos con dificultades específicas de aprendizaje o
con unas condiciones personales o de historia escolar que requieran una
atención específica diferente a la ordinaria.
Pues bien, como principios psicopedagógicos vinculados a la diversidad
escolar, algunos ya nombrados en el apartado de metodología, podemos destacar:
La necesidad de partir del nivel de desarrollo del alumno y
de respetar los distintos ritmos de aprendizaje.
El planteamiento de sesiones y actividades motivadoras que
susciten el interés de los alumnos por su proceso de aprendizaje.
La formulación de unos objetivos mínimos para todos los
alumnos, y otros complementarios para aquellos más avanzados.
Etc.
Se trata,
en definitiva, de atender a los intereses más generales de los alumnos,
a fin de promover la pasión de los éstos por nuestro ámbito, el de la A.F. y
Deportiva, y por su aprendizaje en general.